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lunes 9 de noviembre de 2009
El muro
por Patricia Mateo |
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En un día como el de hoy conviene hablar de muros. Viene al caso, porque el caso es que hoy se conmemoran los 20 años de la caída del muro de Berlín. Como mi vida parece últimamente teñida del agradable color de la amable coincidencia, hablaré de muros, pero no del de Berlín. Al menos, no es esa mi intención al lanzarme ahora a escribir. Lo que las palabras me deparen mientras avanzo o hacia donde me guiarán las líneas, todavía no lo sé. Este fin de semana pude ver la película-documental (no tengo muy claro qué nombre ponerle) basada en el disco de Pink Floyd, The wall. El disco es del año 79 y la película del 82. Si el disco conmociona el espíritu, la película desgarra el alma. Es para volver a verla, eso seguro. Muros hay muchos. Watters imaginó uno para sus conciertos, su alterego Pink soñaba con uno que pudiese aislarle del dolor que le provocaban sus traumas (relacionados con su madre, la pérdida de su padre en la guerra, la represiva educación que había recibido, el fracaso de sus relaciones…) y su actual presente como estrella del rock. Watters no construyó ese muro y cuando su alterego lo hizo –aunque fuese simbólicamente-, cayó en un estado de enajenación mental. Y como, efectivamente, muros hay muchos, también están los muros interiores, dentro de una misma. Los que construyo para no ir por según qué caminos. Los que creo que evitarán que me vaya a la deriva. Las prohibiciones que a mí misma me pongo. Cuando surgen dudas sobre nosotras mismas, sobre mi persona y mis ideales, mis creencias y mis deseos más profundos… ¿Qué haremos? Podemos levantar un muro y prohibirnos pensar. Cómodamente conformarnos con ser aquello que se espera que seamos. Cómodamente formar parte de un rebaño numeroso y poderosísimo. O podemos arriesgarnos, derribar ese muro de pensamientos impuestos y arriesgarnos a avanzar en ese camino emocionante y apasionado que nos llevará a descubrir por nosotras mismas si nuestro estar en esta vida es tal y como deseamos que sea. Si lo que consideramos verdad sólo lo es porque alguien nos dijo que lo era, si lo que deseamos sólo lo deseamos porque siempre nos condujeron hacia esos deseos unidireccionales, si lo que queremos en la vida es, sólo y en realidad, lo que nuestro padres nos vendieron como mejor… Podemos decidir construir muros para evitar escuchar voces disidentes (la nuestra propia o las ajenas) o podemos dejar que el paisaje se llene de luces provenientes de todas las direcciones y que puedan viajar en todos los sentidos. |
Sincronía — Artículos de Patricia Mateo
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