Pretérito Imperfecto Presente Contínuo

     Para un lector habitual de periódicos llegar a publicar unas letras en uno de ellos, aunque sean las de un anuncio, produce tal subidón que si no te agarras a las cortinas acabas estampándote en el techo. Si alguna vez has escrito una carta al director y has tenido la dicha de verla impresa en el diario, sabrás aproximadamente lo que se siente al colocar un artículo entero.
       Intento guardar esa emoción como oro en paño. Conviene llevar la cuenta de tus levitaciones para no terminar flotando como un globo de gas. Recordar el sonrojo, la aceleración del pulso e incluso el tembleque que me poseyó al ver mi nombre por primera vez tintado en letras de molde, aún me sirve de antídoto a la vanidad. Y a los inevitables bajones.Eran otros tiempos. La linotipia, la teja y el cajetín estaban dando sus últimas boqueadas, no te digo más.El oficio de colaborador, figura enternecedora donde las haya, era un carrusel que se regía por atmósferas. A mayor atmósfera, menos publicaciones. Nunca supe de dónde venía la presión. Me regía por intuiciones. ¿Si escribo sobre este asunto, me lo publicarán? De la misma forma que escribir en los diarios otorgaba la agilidad de un astronauta en la Luna, dejar de hacerlo engordaba de golpe una barbaridad y el desenlace te arrastraba por el suelo igual que se movería –de sobrevivir al intento- un reptil por la superficie de Venus. Si alguna vez te han publicado una carta al director, y la siguiente que mandas con toda tu ilusión se pierde en cualquier papelera, sabrás de lo que estoy hablando.
      Las erratas, las mutilaciones, las repeticiones incluso, llegaron después de haberme hecho un hueco entre los que se disputaban un cacho de papel reciclado. Ya era tarde.  Todavía desconozco si me quemé o me prendieron fuego con el paso del tiempo, en cualquier caso tuve la suerte de estar en el momento idóneo y de vivir una época que pude describir casi a diario, al menos en ciertas temporadas. En este archivo se encuentran divididos en tres secciones los artículos de Opinión, las Críticas Literarias y los Relatos que publiqué desde mis inicios. Podría haber subdividido la primera categoría en otros cuatro grandes bloques,  los que encontraban acogida en las páginas más próximas a la editorial, los más lejanos a la línea de pensamiento de la casa, los inclasificables del Punto de Mira y, como encontré un nuevo yacimiento de publicaciones en la sucursal, podríamos hablar también de los localistas. Si alguien se atreve a hacer arqueología supongo que sabrá diferenciarlos. También confío que sabrá disculpar mis patinazos., ingenuidades y otras perlas de mis inicios. Nadie nace aprendido y quien crea que ya está de vuelta, la vida se encargará de sacarle de su error.

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